Siempre supe que cuando tuviera un hijo la primera camiseta que le compraría sería negra.

El dibujo ya es lo de menos. Reconozco que ya no tengo la cabeza para oír a Iron Maiden, o los que fueron mis favoritos durante mucho, mucho tiempo: AC/DC. Ahora cuando los oigo durante más de cinco minutos me sangran los oídos y los ojos me rebotan frenéticos en las cuencas. No es que no me guste, es que me he quedado demasiado seco. Pero a mis hijos, que todavía están fresquitos, les he colocado ya una camisetita que reproduzco aquí para que la disfrutéis:

No me digáis que no es la ostia Mi mujer se pensó que no me di cuenta cuando la cogió para limpiar los meaos del gato, aunque la paré a tiempo. A mi hija al principio no le gustaba, pero se bajó tan contenta al parque. Tuve que llegar a una negociación con ella, añadiendo una bonita cinta para el pelo, rosa, eso sí. Espero que este verano en la playa le pueda enseñar lo más importante, a caer al suelo y a hacer caer a los niños que la miran mal. Dar cera y pulir… y todo eso. Por si aun no lo sabéis, hay una miniserie de Youtube que retoma la historia, 30 años después. Y es mejor que las películas, se llama, como no, Cobra Kai.

Vamos a ver, no me entendáis mal, yo siempre voy con camisa y zapatos. Hace siglos que no me pongo una camiseta, pero eso se lleva por dentro. Uno puede ser un señor padre, ir en un scooter y escuchar música electrónica, pero por dentro, os juro que incendiaría Madrid con el escape de mi Ducati. Si la tuviera. La vendí hace unos años porque era muy incómoda para ir a visitar clientes con zapatos caros, pero molaba lo suyo. Pasa un poco como AC/DC y el dolor de cabeza. Ser macarra es algo incómodo cuando te haces mayor, pero ser un verdadero macarra no tiene que ver con parecer un macarra. Es algo más sutil y menos hortera, algo que no se ve, ni siquiera se escucha. Es una actitud ante la vida. Una actitud pasiva incluso. Desconfía de un tipo que parece un tuno al que la lavadora le ha jodido la ropa y se ha equivocado de ciudad, de barrio y de amigos. No, un macarra puede ser un buen padre. Un buen padre macarra compra camisetas molonas a sus hijos y evita que se queden gilipollas con la patrulla cansina. Un buen padre macarra les advierte de que reírse con los chistes que todo el mundo ríe es de idiotas y aburridos. Un buen padre macarra siembra, con paciencia, como por ejemplo, con algo de AC/DC -bajito, eso sí- combinando con Mozart y otros buenos metaleros. Para que hagan oído. De vez en cuando les dejas mojar el dedo en la cerveza, para que vayan acostumbrándose a lo bueno. Y por supuesto, les dejas acostarse tarde en vacaciones.

Lo siguiente, un concierto, pero todo llega. Todo llega.